Quédate en el campo

Te he peinado tu vello púbico
con el rastrillo de la inocencia
mientras usabas la hoz afilada
para recortarme las patillas.
Me has usado de abono orgánico
para bajarme los pantalones
te has crecido cosechando
los melones que te cuelgan.
Buscaste mi leche ordeñando
el único teto que tenía
para ti la seducción de la paja
es acostarte entre el cerdo y la vaca.
Cantaste retorciendo el pescuezo
del pobre gallo en el corral
te gusta ser mala persona campechana
naturista extraña como la que más.
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Dos minutitos al día no hacen daño

Tienes la sana costumbre de llamarme casi todos los días, hasta ahí todo correcto, hermoso, precioso, bonito, dulce, apasionante, grandioso, maravilloso, increíble, fascinante….. Pero amor de mi vida, cosita de mi corazón, alma de mi alma ¡ qué siempre me digas que tienes dos minutos y que luego cuelgas ! ¿en serio? ¡ de verdad !.
Y como se nota que me quieres y me quieres de verdad luego en vez de dos minutos aguantas hasta el cuarto o el quinto mientras disimuladamente te vas colando hacia tu cueva preparando la huida, escapando de la confrontación directa de mis palabras sobre tus palabras, de los piropos sobre tu sonrojo, de la sensualidad de los pensamientos, de la distancia que te salva.
Y luego te vas a dormir.
Pero es que la cruz donde sangran mis versos es cuando al despertar tienes en tu contestador una canción hermosa, un buenos días que alimentan más que un desayuno continental y tu, en tu gran suerte, solo me sabes decir que te cante por juglaria, que prefieres un tema nuevo que el otro aunque te encanta y te enamora despertar tan llena de miel a esas horas y sin el café y la ducha te gusta más la versión de camionera resacosa, con mosca cojonera sobrevolando y rascándote la barriga en busca de pelusillas. Paciencia.

Y como en el fondo se que tienes tu puntito y que luego a lo largo del día te da penita al menos a tu favor diré que seguramente si te pillo con viento a favor y la marea alta, me dedicaras esta noche otro dos minutitos, de esas llamadas precoces que tanto gusto dan.

Tarot

Suena mi Skype, es María desde San Cristóbal en la República Dominicana. Primero antes de nada me pone verde, morado, por llevar una temporada fuera de su radar y me cuenta con el afilador en una mano y el cuchillo de capar cerdos en la otra que se me echa de menos por aquellos lares y que hasta sus hijas preguntan cuando volveré para tener discusiones sobre la universidad, los eventos sociales y suspiro profundamente para esquivar la bala con cabeza hueca que se me plantea pues de momento tengo el culo como un hipopótamo de agua salada y después de las últimas salidas no me apetece volver a hacer la mochila y volar.
Le dije ¡para para para! ¿todo bien por la isla con el mal tiempo? ¿ya han empezado las niñas los cursos? ¡estas muy guapa!. Su respuesta ya me la intuía pues tiene la lengua afilada de bruja de ébano “pelotillero”. Lo siguiente que me suelta es que ha aprendido a echar las cartas y yo le digo que si ahora trabaja para el servicio postal (su cara se iba poniendo mú mala mala) y después de un rugido suelta que las cartas del tarot y que me las quiere echar en vivo y en directo por el Skype. ¡Ostias! – necesito un plan de fuga pero ya -.
Le digo que no creo en esas cosas con todos los respetos hacia ese colectivo que se dedica para bien o para mal a intentar sobrevivir por sus propios medios en medio de esta crisis galopante. Pero María no acepta el no por respuesta y empieza la cuenta atrás, por un momento me agarre a la silla porque pensé que realmente iba a despegar (no, no tengo gases).
Yo no se hasta que punto el leer esas cartas y hacerlo para que le suenen bien a quien tienes delante se hace a propósito o simplemente te cae así. Y claro si en la salud, el amor y el dinero lo único que te salen son jinetes del Apocalipsis me cago en tó lo que se menea, porque la conozco desde hace tiempo porque sino le cerraba el Skype de golpe y la mandaba al carajo. Y le suelto un “quilla” que me estas depilando los genitales con un soplete deja las pu… cartas y háblame del mar que me dan ganas de fugarme a Dead island, y se parte la caja pone una mirada tierna y me dice: “te he pillado vacile vacile”… No me puedo quejar yo soy el que más se sube al andamio a la hora de gastar bromas y de tener al personal contra las cuerdas a la hora de repartir vaciles, me lo he ganado.

Así que los jinetes del juicio final se quedaron en jinetes de borregos asilvestrados para descanso mío jajajajaja y dos horas de vídeo conferencia que me han alegrado el día pues a pesar de que en mi cueva no tengo amistades locales, de fuera las tengo y muchas repartidas por el mundo y a veces me dan estas pequeñas alegrías o sustos jajajajaja que hacen de un día gris como el de hoy, sin sol, un paraíso.  

Una hora y media mágica

El bullicio de la calle Príncipe no eclipso tu mirada cuando te ibas acercando, a pesar del sol intenso y las ráfagas de aire frio la luz de tus pupilas era la mayor esencia de cuanto nos rodeaba. Y tu sonrisa la mayor carta de presentación, no hacían falta más palabras.
Tu cuerpo amoldaba tu vestido negro, curvas de diosa del Olimpo, olor en ti a primavera, fragancia que llenaba los pulmones de dulzura y sentimiento, de complicidad absoluta como si nos conociésemos de toda la vida.
El paseo por el puerto da Laxe un refranero a tu lado, de palabras bonitas, de cumplidos sinceros, de plasticidad y fotogénica figura en una sesión de fotografías con un marco incomparable atlántico, de aguas salinas de Vigo.
Y la brisa entre arcos de piedra y modelo a lomos de un pulpo de bronce, de la linea de un corazón de granito, del verbo en un objetivo causaba sensaciones y emociones en cada clic de la cámara, en cada segundo vivido a tu lado.
Y mereció la pena, sin dudarlo, ser el alumno de tu belleza, de sentirse vivo ante la juventud llena de madurez que enseñabas, incluso cuando las prisas a lomo de un bocata nos llevaba a un camino distinto, cada uno a su realidad mas cercana, al abrazo de despedida, al sentir que se ha pasado volando unos minutos bellos.
Y me enganche a tus empujones, al humor pícaro, a las ganas de repetir y de sentir tan buenos momentos condensados en una hora y media mágica.

Volvere a morir sin amor

Crueldad maldita
quedarme sin recuerdos
se muere mi mente
y tu desaparecerás,
mi cuerpo es un inútil
recordatorio de mi pasado
desgraciado y humillado
por la confianza,
no veo no siento no
tengo el tacto de la libertad
todo lo he perdido
en el camino de la verdad,
una semana un mes un año
no se cuanto me queda
no mentiré no puedo ya no
volveré a morir sin amor.

Wilson

Hoy me he bajado hasta a Rua Serra frente al mercado Municipal a ver el mercadillo de curiosidades y cosas antiguas o que sencillamente no valen ya para nada en muchos casos, en otros siempre hay utilidades para todos los gustos. Fui para matar el aburrimiento después de mi paseo dominical por el Gafos y de meterme un par de empanadillas de bonito en el cuerpo para reponer fuerzas, que ya de mañana el calor aprieta de lo lindo y este cuerpo jamonero no se alimenta de aire jajajajaja.
Entre discos antiguos, viejas consolas, herramientas del campo, ropa, todo tipo de monedas y billetes, candelabros, muebles pequeños, alguna talla de una virgen desconocida, juguetes; lo que más me llamo la atención fue un objeto de una película que me encanta “Naufrago” y cuando lo vi estuve tentado a comprármelo, total para dos leuros la cosa no iba a ser un sangrante desembolso y me plante ante Wilson mirándolo fijamente y preguntándome si en mis noches solitarias el podría hacerme el mismo favor que se lo hizo a Tom Hanks pero luego me acorde de que a mi gato los extraños esféricos son santo de su devoción colmillar y de sus garras afiladas.
Así que después de dar tres vueltas a su alrededor y de gritarle “Wilson dime algo, suplica que te lleve conmigo a mi cueva” y al no recibir respuesta por su parte le mire fijamente y le dije con voz grave y amenazante…
¡Ahí te quedas!
Ahora voy a prepararme un pollo asado y luego descargare las fotos que hice esta mañana, no se en que orden jajajaja y a esperar como plantear una tarde que puede ser de cine o de relax en la playa, lo malo es que el otro día con las tormentas ya metí en el baúl el trikini y me da un poco de pereza volver a sacarlo cuando ya he puesto en la cama incluso el edredón nórdico. Dilemas.